La Diócesis ha inaugurado este jueves el Cursillo de Liturgia, que nació al amparo de los hermanos Velado Graña, y que en esta edición cumple ya 66 años. “Los ministerios litúrgicos al servicio de la palabra” es el tema que se trata durante toda la jornada y que supone el colofón a la formación ofrecida en los últimos años sobre los distintos ministerios litúrgicos, destinada principalmente a los sacerdotes, agentes evangelizadores, equipos y colaboradores en el sector de liturgia en las Unidades Pastorales que se han venido constituyendo en nuestra diócesis.

Las ponencias corren ha cargo de Edgar Estece Pineda, delegado diocesano de liturgia de Valencia, quien ha destacado la importancia de la formación y más aún en un mundo donde internet y la snuevas tecnologías en ocasiones “mas que formar, deforman”. En esta línea, el ponente ha seguido explicando que ante bulos, noticias falsas o sin contrastar sobre liturgia o hechos religiosos hay que acudir “a lo que dice la Iglesia, siempre”.

En este sentido, el Cursillo de Liturgia de Astorga quiere contribuir a esa formación de aquellos que ejercen esos ministerios en las distintas comunidades cristianas de las parroquias de la diócesis. Como en ocasiones anteriores el Cursillo se plantea como la primera sesión del presente curso pastoral de la Formación Permanente en la diócesis.

La Iglesia nos recuerda que, además de los ministerios ordenados, existen ministerios en la liturgia que son ejercidos por laicos y personas consagradas que ponen su tiempo y su talento a disposición de la comunidad para realizar diversas funciones en la celebración litúrgica, al servicio de la proclamación de la Palabra (lectores, salmista), del altar (acólitos, monaguillos, ministros extraordinarios de la comunión) y de la asamblea (cantores, coro y músicos, monitores). Otros aportan sus aptitudes y capacidades para la planificación y organización de la liturgia (equipo de liturgia) o el mantenimiento del templo, la ornamentación y la buena disposición de las cosas sagradas (sacristán).

Promover y facilitar el desarrollo de estos oficios y funciones es importante porque es un impulso para poner en ejercicio el sacerdocio común de los fieles y, por eso, en las parroquias debe fomentarse, de modo que todos, ministros ordenados, consagrados y fieles laicos, “al desempeñar su ministerio u oficio, hagan todo y sólo aquello que les corresponde” (OGMR 91). Esta gran variedad de servicios es deseable que sean ejercidos por diferentes personas a fin de que los dones que Dios ha puesto dentro de la comunidad cristiana sean plenamente utilizados y no sean monopolizadas por sólo unos cuantos.

También es importante que, además de una disponibilidad generosa digna de agradecer, las personas comprometidas con alguna función litúrgica han de estar bien preparadas para realizar su ministerio y desempeñarlo de manera organizada y con competencia, dignidad y decoro. Para dicha preparación adecuada se requiere también una donación de tiempo y esfuerzo no sólo por parte de los propios ministros litúrgicos, sino también de la parroquia y de la diócesis.