- Tres familiares ponen palabras a la culpa, la paciencia y el miedo al futuro mientras aprenden a convivir con los cambios de las personas a las que cuidan
- El centro de día atiende a 54 usuarios, tiene cubiertas sus 25 plazas de jornada completa y alcanzará próximamente los 16 trabajadores
- AFA continúa esta semana los actos por el Día Mundial del Alzheimer y organizarán un acto el viernes en la Plaza Mayor con escolares, residentes, familiares y todas las personas que quieran acercarse
Marisa entra contenta. Boni no siempre se marcha igual. Sabe que a su mujer le gusta acudir al centro de día de Asociación de Familiares y enfermos de Alzheimer (AFA) de Astorga y Comarca, pero cuando la deja todavía aparece una sensación difícil de apartar: “Es como que la dejo abandonada. Lo estoy llevando cada día mejor, pero mal”.
Hace aproximadamente un año y medio empezó a asumir lo que su hijo había visto antes: “Quizás yo he familiarizado las cosas que ella hacía como normales y no he visto lo que estaba pasando”. Después llegaron el médico y el diagnóstico de demencia: “Yo no lo acepto. Me está costando mucho ver lo que está pasando porque estás con una persona trabajando toda la vida y de la noche a la mañana ves lo que está pasando”.
Boni Prieto, de Santa Colomba de Somoza, comparte su experiencia durante el tradicional desayuno con familiares organizado esta semana por AFA con motivo del Día Mundial del Alzheimer. Junto a él están Mercedes Martínez, de Pedredo, cuya madre tiene 95 años, y José Antonio Calvo, de San Justo de la Vega, cuidador de su mujer, dependiente y con años de tratamiento por depresión y cierto deterioro.
Cuando explicar ya no basta
“Si no estás dentro o no estás conviviendo con una persona, por mucho que te cuenten, no lo vas a entender”, asegura Boni. A él le preocupa especialmente lo que está por venir: “Lo estoy pasando mal por ver cómo se está deteriorando lo que era, lo que es y lo que me dicen que en el futuro va a pasar”.
La madre de Mercedes comenzó hace aproximadamente un año con algunos fallos y repeticiones. A sus 95 años todavía quiere barrer, fregar, pasar el aspirador o hacer la cama aunque físicamente ya no pueda. Pero aparecen también situaciones que obligan a permanecer alerta: un día se metió en la boca un trozo de servilleta pensando que era pan. “Eso a mi madre en la vida se le hubiera ocurrido estando bien”.
Las experiencias son diferentes, pero los tres coinciden en una palabra: paciencia. “Tiene que ser infinita”, dice Mercedes. Hay momentos en los que explicar ya no basta y otros en los que su madre se enfada o llora sin que ella consiga saber por qué: “¿Qué hago yo para que esta mujer no llore? ¿Qué le he hecho yo?”.
José Antonio conoce otro tipo de desgaste. Su mujer no tiene, según explica, un diagnóstico de Alzheimer como tal. Convive con problemas de movilidad, dolores, depresión y cierto deterioro, además de noches sin dormir y medicación: “Llega un momento que no sabes qué hacer”.
Del miedo a dejarles a querer volver
El centro de día se ha convertido poco a poco en parte de sus rutinas. La madre de Mercedes empezó en julio y ahora pregunta “¿hoy no vamos a Astorga?” cuando no tiene que acudir. “El día que no viene, lo echa de menos”.
La mujer de José Antonio también llega ahora contenta. “Ya se levanta por la mañana para venir”, explica. Y Boni, pese a la culpa que todavía siente al marcharse sin Marisa, reconoce el cambio: “Me voy cada día más contento de aquí por ver que ella está mejor aquí”.
De sus testimonios surge también una petición. “Nos tienen que enseñar a vivir con ellos, a poder saber reaccionar y saber qué hacer”, reclama Boni. Mercedes habla de aprender a “aceptar esa enfermedad, que la persona que era ya no es, es otra persona diferente”.
Para Boni hay además un futuro compartido que no quiere abandonar: “No es lo mismo que sea una persona ya mayor, un padre o madre […] que sea la persona con la que tú has decidido vivir y que tú tengas planes”. Él y Marisa todavía los tienen: viajarán, si todo va bien, a Italia y después a Benidorm: “Yo lo voy a seguir haciendo mientras pueda llevarla. Porque a ella le gusta y ella quiere”.
Más espacio para atender también a las familias
AFA quiere reforzar precisamente el acompañamiento a los cuidadores cuando disponga de más espacio. Su directora, María José Martínez, reconoce que actualmente tienen “un poco, entre comillas, descuidadas a las familias” y prevé ampliar esa atención tras las obras.
El centro cuenta con 54 usuarios, las 25 plazas de jornada completa ocupadas y una plantilla que alcanzará próximamente los 16 trabajadores. La ampliación está avanzada y la asociación espera completar su parte principal antes de final de año. También ha comenzado el servicio de comida a domicilio, inicialmente para hasta 15 usuarios y respaldado con una ayuda de 17.420 euros de Sabadell para 2026-2027, mientras en octubre retomará los talleres rurales.
Los actos por el Día Mundial del Alzheimer continuarán este viernes con una jornada en la Plaza Mayor con escolares, residentes, familiares y todas las personas que quieran acercarse al centro.
Boni, Mercedes y José Antonio seguirán mientras tanto aprendiendo en casa algo para lo que ninguno tenía un manual. “Yo no lo acepto”, reconoce todavía Boni. Pero él y Marisa mantienen sus planes. Italia y Benidorm siguen esperando.