La Diócesis de Astorga se prepara para despedir a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, cuya presencia ha dejado una profunda huella en varias generaciones de astorganos. Con este motivo, el próximo sábado 7 de noviembre, a las ocho de la tarde, la Catedral de Astorga acogerá una misa de acción de gracias, presidida por el administrador diocesano, don Francisco Javier Gay Alcain, a la que está invitada toda la comunidad diocesana.
La celebración será una oportunidad para reconocer públicamente la labor desarrollada por las hermanas durante más de un siglo, tanto en la ciudad de Astorga como en otros lugares de la diócesis, donde han llevado a cabo una importante misión educativa, asistencial, sanitaria y social.
Su historia en Astorga está estrechamente vinculada a instituciones tan recordadas como el Colegio de la Milagrosa, el Hospital de San Juan, el antiguo hospicio y Casa Cuna o el Colegio de Sordomudos. A través de estas realidades, las Hijas de la Caridad han acompañado a generaciones de niños, jóvenes, enfermos, ancianos y personas en situación de vulnerabilidad, ofreciendo no solo atención y cuidados, sino también educación, cercanía y formación humana y cristiana. Su presencia se extendió igualmente a otros puntos de la diócesis, como la zona de A Rúa, donde también desarrollaron su misión educativa.
Una despedida marcada por la tristeza y el agradecimiento
En los últimos años, la comunidad de las Hijas de la Caridad de Astorga se ha ido reduciendo progresivamente su número de integrantes. De las catorce hermanas que llegaron a convivir en la comunidad, recientemente permanecían cuatro, residentes en las instalaciones del Colegio de la Milagrosa, que ahora se preparan para trasladarse a otros destinos. Entre ellos se encuentran Pradoluengo, en la provincia de Burgos, y la casa provincial de las Hijas de la Caridad en Villaobispo de las Regueras, en León.
Sor Juliana Gaitero, hermana sirviente de la comunidad de Astorga, reconoce que las hermanas viven estos últimos días con tristeza, después de tantos años compartiendo la vida cotidiana de la ciudad. «Nos vamos con mucha pena y, a la vez, con mucha satisfacción por toda la labor educativa, tanto de formación humana como cristiana, que se ha hecho durante tantos años», ha señalado.
Más de 170 años de historia y servicio en Astorga
La historia de las Hijas de la Caridad en Astorga se remonta al 18 de junio de 1855, cuando llegaron a la ciudad las cuatro primeras hermanas, dando comienzo a una larga trayectoria de servicio vinculada inicialmente al ámbito sanitario y que, con el paso de los años, se extendería también a la educación y la atención de los más necesitados.
Como recuerda sor Juliana Gaitero, hermana sirviente de la comunidad de Astorga, la presencia de las Hijas de la Caridad fue creciendo progresivamente. El 18 de octubre de 1887 se incorporaron nuevas hermanas y se puso en marcha una clase de párvulos. Apenas tres años después, en 1890, se inauguró la clase de niñas mayores y, en 1893, comenzaron a acoger como internas a jóvenes procedentes de los pueblos de los alrededores, ofreciéndoles formación humana y cristiana y favoreciendo también que algunas pudieran descubrir su vocación e incorporarse a la Compañía.
A lo largo de las décadas, las Hijas de la Caridad fueron adaptando su labor a las necesidades de cada momento. En 1973, el colegio y el hospital, que hasta entonces habían estado vinculados a una misma comunidad, pasaron a funcionar como obras diferenciadas. La presencia de las hermanas en el ámbito hospitalario se mantuvo hasta 2014, mientras que el Colegio de la Milagrosa permaneció abierto su internado, que acogía a jóvenes de otras localidades, hasta que la falta de demanda llevó finalmente a su cierre.
Con el paso del tiempo y ante la disminución del número de vocaciones, la comunidad fue reduciendo progresivamente su presencia. En 2016 pasó a estar integrada principalmente por hermanas mayores, aunque continuó manteniendo su vinculación con la ciudad y su disponibilidad para atender a quienes acudían a ellas.
De este modo, las Hijas de la Caridad han permanecido durante más de 170 años estrechamente unidas a la historia de Astorga, dejando una huella especialmente significativa en los ámbitos educativo, sanitario y asistencial. Una presencia que, como destaca sor Juliana, siempre ha estado marcada por la cercanía, la atención a las necesidades de las personas y la fidelidad a su carisma de servicio.
Una vocación dedicada al servicio de los más necesitados
Las Hijas de la Caridad, fundadas por san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac en 1633, constituyen una sociedad de vida apostólica, por lo que no son una congregación religiosa en sentido canónico estricto.
Su carisma se caracteriza por la entrega a Dios a través del servicio a las personas más necesitadas. Además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, realizan un cuarto voto específico de servicio a los pobres.
Una de las particularidades de la Compañía es que sus integrantes renuevan sus cuatro votos cada año, el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor. Una renovación que, como explica Sor Juliana, supone una oportunidad para reafirmar su compromiso y volver a recordar la vocación que las llevó a consagrar su vida al servicio de los demás.
Una eucaristía para dar las gracias
La despedida de las Hijas de la Caridad supone el cierre de una etapa especialmente significativa para la historia religiosa, educativa y social de Astorga.
Su labor ha trascendido las paredes de los centros en los que han desarrollado su misión, dejando una huella de cercanía, entrega y servicio en numerosas familias de la ciudad y de otros lugares de la diócesis. Por ello, la celebración del próximo sábado quiere ser, ante todo, un reconocimiento a tantos años de dedicación generosa y silenciosa.
La Diócesis de Astorga invita a todos los fieles, antiguos alumnos, familias, trabajadores y personas que han compartido parte de su vida con las Hijas de la Caridad a participar en esta eucaristía de acción de gracias, que tendrá lugar el sábado 7 de noviembre, a las 20:00 horas, en la Catedral de Astorga.
Una ocasión para despedirlas con cariño y agradecerles más de un siglo de servicio, entrega y compromiso con los más necesitados.