- La superiora de las Misioneras de Cristo Jesús presenta en Astorga el testimonio de una misión compartida; el domingo habrá colectas parroquiales y misa en la catedral
Compartir mesa con personas con lepra apartadas en las montañas de China, acompañar a refugiados en Camerún o reconocer el valor de una ofrenda tan pequeña como un plátano. Alphonsine Kitumua Bangizila ha llevado este martes a Astorga experiencias con las que ha explicado qué significa para ella la misión: estar junto a las personas, transmitir la fe con la propia vida y responder a sus necesidades.
La superiora general de las Misioneras de Cristo Jesús ha participado en la presentación diocesana del Domund junto al administrador diocesano, Francisco Javier Gay, y al delegado de Misiones, José María Vecillas. La Jornada Mundial de las Misiones cumple cien años este domingo 18 de octubre bajo el lema “Uno en Cristo, unidos en la misión”.
“El testimonio de la vida es fundamental”, ha afirmado Kitumua. Su intervención ha recorrido situaciones que ha conocido durante su trayectoria y sus visitas a las comunidades de la congregación, que cuenta actualmente con 240 religiosas. La propia vocación de la superiora nació del encuentro con misioneras españolas en la República Democrática del Congo.
Aquella presencia, ha explicado, ha ido dando paso también a vocaciones locales. Como ejemplo, ha señalado que su congregación tiene tres hermanas chinas y un grupo de jóvenes en Vietnam. La misión que recibió en su país se ha convertido así en una tarea que otras generaciones continúan.
Uno de los testimonios que ha compartido se sitúa en China, donde, según ha relatado, algunas hermanas trabajan en comunidades vinculadas a la Iglesia clandestina. Ha recordado a una religiosa que cura las heridas de personas con lepra alejadas de la ciudad y comparte con ellas la comida. Sentarse a la misma mesa es, para Kitumua, parte de ese anuncio del Evangelio que se expresa mediante los gestos.
También conserva el recuerdo de refugiados procedentes de Nigeria que, en el norte de Camerún, comenzaron a construir su iglesia por el tejado para protegerse del calor. A pesar de no tener todavía muros, se reunían los domingos para rezar.
Pero una de las escenas que más la ha marcado ocurrió en la selva de su país. Una mujer con muy pocos recursos llevó un plátano como ofrenda, danzando hasta entregarlo al sacerdote. La religiosa ha destacado el amor con el que lo ofreció y la posibilidad de que aquel alimento ayudara a otra persona. “Por muy pobre que uno sea, siempre algo tiene que dar”, ha señalado al explicar el sentido de compartir.
Esa invitación alcanza también a quienes viven lejos de los territorios de misión. Kitumua ha planteado la soledad existente en España y ha defendido que acompañar a otras personas, en la familia o entre compañeros, forma parte del compromiso cristiano. La tarea, ha insistido, corresponde a todos, no únicamente a sacerdotes y religiosos.
“Soy extranjera, sí, inmigrante, sí, pero me siento en casa”, ha expresado sobre su vida en España. Ha recordado que, al viajar en avión por primera vez en 1989, contemplar la inmensidad le hizo sentir que cualquier destino podía ser su tierra y las personas que encontrara, sus hermanos. “El misionero no tiene frontera en su corazón”, ha resumido.
Gay ha situado también la responsabilidad compartida entre las claves del Domund. Ha destacado que la misión nace de la unión con Cristo y combina el anuncio de la fe con una labor humanitaria que moviliza incluso a personas no creyentes. Su llamamiento a los fieles incluye la oración, la colaboración económica y el compromiso en el entorno de cada uno.
Al recordar el centenario, el administrador diocesano ha subrayado que el Domund ha contribuido a sostener económicamente a los misioneros y a extender la conciencia sobre su trabajo dentro y fuera de la Iglesia.
La Delegación de Misiones cifra en 213 los misioneros vinculados a la diócesis de Astorga. Vecillas ha explicado que en los últimos dos años se han registrado 30 bajas por fallecimiento o regreso a España y ha recordado a quienes deciden permanecer en sus destinos hasta el final. Ha pedido tenerlos “en el pensamiento, en el corazón y en la oración” y colaborar con alegría en su sostenimiento.
Durante las preguntas, los responsables de la campaña han señalado que la pérdida de población condiciona las aportaciones. Aun así, han destacado que la contribución de Astorga al Domund supera el puesto que le correspondería por población entre las diócesis españolas.
La semana misionera comienza hoy con el retiro de la zona de Astorga y continuará en el Bierzo, Zamora y Galicia. El domingo 18, Javier Gay presidirá la eucaristía del Domund en la catedral y todas las parroquias realizarán colectas para apoyar la labor misionera.