El 16 de agosto de 1471 se colocó la primera piedra y se consagró el actual templo catedralicio, heredero de un templo románico consagrado en el siglo XI; celebramos, pues, el 550 aniversario de aquel hecho tan significativo para nuestra diócesis y para nuestra ciudad. Y lo celebramos, en primer lugar, para dar gracias a Dios que ha puesto su tienda entre nosotros, que ha acompañado a su pueblo fiel y le ha bendecido durante todos estos siglos, que le ha regalado un sucesor de los Apóstoles y, por su ministerio, ha constituido, alimentado y hecho crecer a esta Iglesia particular de Astorga. La efeméride nos permitirá también homenajear a todos aquellos que, piedra a piedra, gesto a gesto, lo han edificado material y espiritualmente y lo conservan, convirtiéndolo en el epicentro de la actividad de esta Iglesia apostólica.

1. Identidad de la catedral

La palabra “iglesia” tiene un doble sentido: edificio material y comunidad de fieles, lugar de la reunión comunitaria para celebrar el culto divino y la oración, y asamblea de los fieles. Dentro de las distintas iglesias, hay una que destaca no tanto por su antigüedad, dimensiones y riqueza artística, sino por su alcance simbólico: la iglesia catedral. La catedral es aquella iglesia “donde está situada la cátedra del obispo, signo del magisterio y de la potestad del pastor de la Iglesia particular, así como signo de unidad de los creyentes en la fe que el obispo anuncia como pastor de la grey” (Ceremonial de obispos, 42).

2. Misión del templo catedralicio

Todo en la Iglesia tiene la misión de santificar y congregar al pueblo de Dios para enviarlo a evangelizar al mundo. Esa es también la misión de la catedral y de la institución que alberga, misión que se expresa simbólicamente en torno a tres lugares o elementos: la cátedra, el ambón y el altar.

2.1. La cátedra. Es la que da nombre al edificio y es testimonio de la unidad en la fe católica garantizada por el magisterio del obispo. Alude a la función episcopal de anunciar el evangelio de Dios e interpretarlo (Lumen Gentium, 25).

2.2. El altar. La comunidad cristiana se construye en torno a la Eucaristía celebrada sobre el altar. La mejor celebración de la Iglesia tiene lugar cuando el obispo preside y celebra la Eucaristía en el altar de la catedral.

2.3. El ambón. Desde él se proclama y explica también la Palabra de Dios. En este sentido, viene a ser expresión de la misión evangelizadora de la Iglesia, particularmente para los que acuden a las celebraciones litúrgicas o a los actos de piedad popular y de oración.

3. Función evangelizadora y cultural de la catedral

A quien se acerca a la catedral se le ofrecen los elementos fundamentales del mensaje cristiano. Cada día aumentan los que no conocen ese mensaje y que, por lo tanto, carecen de las herramientas necesarias para interpretar lo que ven, aún así, todos son sensibles a la expresión artística y estética. Ciertamente la belleza es uno de los trascendentales que nos trasladan más allá de lo ordinario, de lo mediocre, de lo rutinario, y que eleva nuestro espíritu dando sentido y estímulo a nuestra vida. La belleza es una de las vías que nos lleva a Dios. “El esplendor de las catedrales –dice el Papa emérito Benedicto XVI- nos recuerda que la vía pulchritudinis, el camino de la belleza, es una senda privilegiada y fascinante para acercarse el misterio de Dios”.

La catedral es fruto precioso del encuentro de la fe y de la cultura, un fruto que alimenta el alma de los creyentes y suscita interrogantes a los que buscan sentido a su vida. Más allá del ámbito religioso, la catedral tiene también una dimensión cultural, lo que se hace manifiesto a través del archivo, el museo y las publicaciones. Todos estos elementos expresan la fe comunitaria y tienen una intención evangelizadora que, sin embargo, no olvida el servicio social y de interés público. La visita a la catedral de personas de distintos credos e ideologías la convierten en un verdadero atrio de los gentiles, en un espacio de diálogo y encuentro de gran riqueza para todos.

4. La catedral, un edificio religioso vivo

Aprovecho también la ocasión que me brindan para invitar a todos los católicos de esta Diócesis, a las personas de buena voluntad y a las instituciones, a seguir colaborando en el mantenimiento de esta institución y de las actividades que realiza. La catedral no puede reducirse a un museo ni destinarse a fines distintos de aquellos para los que fue levantada y consagrada. La catedral es un edificio religioso vivo cuya naturaleza primera es religiosa y litúrgica, aunque sin menospreciar los aspectos culturales y artísticos.

5. ¡Gracias!

Termino mi intervención homenajeando a los obispos, canónigos, trabajadores, personas individuales e instituciones que, a lo largo de estos 550 años han puesto en pie, cuidado y mejorado este templo, con una mención especial al actual cabildo y a la Asociación de Amigos de la Catedral. Y a Vds., representantes de los distintos medios de comunicación, ¡muchas gracias! ¡Que Dios se lo pague!

+ Jesús, Obispo de Astorga