El rector de la comunidad redentorista de Astorga, P. Juan José Ferrero, entregaba esta misma semana al Obispado cerca de un centenar de libros escritos por redentoristas nacidos en pueblos y ciudades de la diócesis asturicense. Miguel Ángel González, director del Archivo Diocesano se hizo cargo de esta donación remitida por la editorial El Perpetuo Socorro, con sede en Madrid, para incrementar la representación de un grupo de autores leoneses que regresan, con sus escritos, a sus pueblos de origen a través del centro cultural que aglutina y conserva los documentos esenciales de la diócesis.
En los estantes del Archivo no estarán todas las publicaciones de los redentoristas leoneses, que han dedicado parte de su tiempo a la creación literaria, tanto de temas religiosos como de otros asuntos de interés social, pero sí los más interesantes. Las ausencias se deben a que algunos autores, como el poeta Astur Brime (Generoso García Castrillo), natural de Brimeda y siempre orgulloso de su tierra, ha editado la mayor parte de su producción en otras editoriales. Sin embargo, los libros de la editorial El Perpetuo Socorro sí estarán visibles en esta dependencia diocesana, ofreciendo un panorama variado en lo argumental y en la procedencia geográfica.
La idea del responsable astorgano del Archivo, Miguel Ángel González (canónigo archivero de la catedral de Orense durante su vida activa religiosa, tras ser el secretario particular del obispo Briva), fue aceptada por el Superior Provincial de los redentoristas, P. Francisco Caballero, que entregó los volúmenes a través de la comunidad de Astorga.

Chicos listos de pueblos leoneses
Durante años (los redentoristas abrieron su convento en Astorga en el año 1883), niños de multitud de pueblos de la diócesis de Astorga han estudiado y formado parte de esta congregación. Ya en el siglo XX, la orden abrió en Astorga un centro de estudios superiores (filosofía y teología) que permaneció en la ciudad hasta el año 1954, cuando los redentoristas se inclinan por Astorga para abrir su tercer colegio vocacional en España. Es entonces, en los años cincuenta y sesenta, cuando con la explosión de vocaciones religiosas en este país, los leoneses copan en parte las ordenaciones. Y de esas presencias llegaron las consecuencias literarias. Algunos de los chicos más listos de diocesanos se inclinaron por plasmar en un libro sus experiencias vitales.

Los nombres de las portadas
Marciano Vidal es el autor esencial de la editorial El Perpetuo Socorro. Más de medio centenar de libros ha puesto en el mercado este teólogo moral nacido en San Pedro de Trones.
Vidal era teólogo cuando en España era oficio de riesgo, y siempre de sospecha, para el Vaticano. Hablar o reflexionar sobre homosexuales en aquellos años fue complicado, pero el berciano no se arredró, pese a las advertencias de Roma, y se reafirmó en sus ideas como muestra en su extensa obra.
Los últimos años ha dedicado sus esfuerzos, con ediciones añadidas sobre otros asuntos, a una Historia de la Teología Moral con cinco tomos de unas mil páginas cada uno, que resume y codifica nombres, publicaciones e ideas desde la Edad Antigua hasta la actualidad en su especialidad y asignatura.
Adelino García Paz, un chico de Brimeda que fue Provincial en tres etapas, se especializó en libros sobre la Virgen del Perpetuo Socorro.
Basilio Caballero era astorgano y publicó dos colecciones completas de sermones de los tres ciclos del año litúrgico. Homilías para cada día, y cuando no existía Internet para informarse.
Fabriciano Ferrero, zamorano de San Pedro de Zamudia, y diocesano, escribió la historia del Icono del Perpetuo Socorro. En la actualidad todavía disfruta en su estancia renovada en Astorga, en la comunidad de mayores de los redentoristas.
Juan Pérez Riesco, berciano de Almagarinos y también Superior Provincial, se acordó de escribir sobre la vejez, un asunto ahora de moda, aunque él ya lo hizo hace cuarenta años.
Miguel Combarros, de Barrientos de la Vega, poeta galardonado con premios nacionales se fue al Congo y allí estuvo misionando durante 22 años. Nunca olvidó África, escribió libros, en prosa y en verso, sobre sus vivencias, y al final regresó a los orígenes, a Astorga, en donde siguió editando por su cuenta breves poemarios hasta su fallecimiento en 2021.
Máximo Álvarez, de Quintana del Castillo, es sacerdote diocesano, pero ingresa en la lista porque una buena parte de su labor literaria, sobre todo la relacionada con los catecismos, ha sido publicada en la editorial de la congregación fundada por san Alfonso.