• Este 12 de agosto se cumple un año de la muerte de Abel Ramos y del día en que Jaime Aparicio sufrió las graves quemaduras que acabaron con su vida dos jornadas después durante el incendio de Molezuelas de la Carballeda-Castrocalbón

Hay nombres que quedan para siempre unidos a un lugar y a un día. En La Valdería, el 12 de agosto de 2025 tiene dos: Abel Ramos Falagán y Jaime Aparicio Vidales.

Ha pasado exactamente un año desde aquella tarde en la que el incendio de Molezuelas de la Carballeda avanzaba por la provincia de León después de haber cruzado desde Zamora. El fuego amenazaba pueblos, casas, campos y montes. Entre quienes trataron de detenerlo estaban Abel, de 35 años, y Jaime, de 37.

Los dos se encontraban trabajando con maquinaria en el entorno de Quintana y Congosto, junto a la LE-125, cuando el incendio los alcanzó. Abel perdió la vida aquel mismo 12 de agosto. Jaime sufrió quemaduras gravísimas y fue trasladado finalmente a la Unidad de Quemados del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid. Murió dos días después, el 14 de agosto.

Abel era empresario y estaba profundamente vinculado a La Bañeza y a su mundo del motor. Era vicepresidente del Moto Club Bañezano y apenas unos días antes había estado volcado en la organización del Gran Premio de Velocidad. Cuando el fuego amenazó la comarca, puso también maquinaria a disposición de la lucha contra las llamas.

Jaime era de Quintanilla de Flórez, municipio de Quintana y Congosto. Allí regentaba el bar del pueblo, uno de esos lugares que en las pequeñas localidades son mucho más que un negocio: punto de encuentro, conversación y vida diaria. Aquella tarde también estaba intentando frenar el avance del incendio.

El fuego no termina cuando desaparecen las llamas

El incendio de Molezuelas de la Carballeda-Castrocalbón dejó miles de hectáreas quemadas, viviendas y explotaciones afectadas, pueblos evacuados y un paisaje que todavía conserva sus cicatrices. Pero ninguna estadística explica por sí sola lo ocurrido durante aquellos días.

Detrás de las hectáreas estaban quienes vieron acercarse las llamas a sus casas. Quienes abandonaron sus pueblos sin saber qué encontrarían al regresar. Quienes acogieron a evacuados. Quienes llevaron agua, comida o maquinaria. Y quienes, como Abel y Jaime, se enfrentaron al fuego cuando amenazaba aquello que conocían desde siempre.

Hoy, 12 de agosto de 2026, hace un año que Abel Ramos murió intentando hacer frente a aquel incendio. Hace también un año que Jaime Aparicio resultó herido de muerte mientras hacía lo mismo.

Recordarlos un año después significa también recordar hasta dónde puede llegar un incendio forestal. El fuego no termina cuando desaparecen las llamas. Permanece en los montes quemados, en los pueblos que reconstruyen lo perdido y, sobre todo, en las familias y amigos para quienes nunca habrá una vuelta completa a la normalidad.