La Junta de Castilla y León tramita un centenar de plantas de biogás en la comunidad, de las que al menos 11 afectan a la provincia de León. La comarca de Astorga se convierte en nuevo epicentro de la protesta: en Santiago Millas hay una solicitud paralizada y otra en tramitación de una planta, y en Val de San Lorenzo, a las mismas puertas de Astorga, el proyecto de nueva Planta de Biometano impulsado por la empresa Apiolae S.L, filial del grupo ID Energy, con sede en Ciudad Real- diseñado para procesar 220.000 toneladas anuales de excrementos animales, la mitad purines y la otra mitad estiércoles ovinos, bobinos, porcinos y gallinaza- está en fase de exposición pública desde esta semana.

También hay iniciativas en la capital leonesa, La Antigua, Laguna de Negrillos, Algadefe, Cistierna y San Millán de los Caballeros.

Colectivos vecinales, asociaciones y plataformas, venimos advirtiendo y denunciando un «efecto imán», sinérgico, en cuanto estas plantas de producción de biometano incentivarán, más si cabe, la apertura y ampliación de macrogranjas porcinas para asegurar el suministro de purines. Esto se constata fácilmente revisando los anuncios de solicitudes y autorizaciones administrativas del BOCYL durante el último año. La principal alarma es el digestato, el residuo que queda tras extraer el gas y que se vierte masivamente sobre suelos y fincas cercanas, disparando los niveles de nitratos en suelos y acuíferos y poniendo en riesgo el agua de consumo.

Castilla y León tiene ya casi el doble de cerdos que de habitantes. Según los datos oficiales de la propia Junta, el censo porcino de la comunidad ronda los 4,7 millones de cabezas, frente a una población de apenas 2,4 millones de personas. Esta desproporción no es un dato anecdótico: refleja un modelo ganadero que ha desbordado por completo la capacidad de carga del territorio, concentrando en Castilla y León, y muy especialmente en provincias como León, Segovia o Burgos, una densidad de macrogranjas porcinas que los suelos, los acuíferos y los propios pueblos no pueden absorber sin consecuencias.

Lejos de corregirse, esta sobreexplotación se retroalimenta ahora con las plantas de biogás, que se presentan como «solución» al mismo problema que ayudan a expandir. Nos quieren convertir en un territorio de sacrificio en un ejercicio de irracionalidad e irresponsabilidad política que consiente y favorece este desproporcionado dislate.

Además debe tomarse seriamente en consideración el impacto directo que en el día a día supondrá el tráfico constante de camiones de gran tonelaje y olores insoportables por el transporte y esparcimiento del digestato.

Los colectivos y vecinos criticamos igualmente un marco normativo permisivo: el Decreto 4/2018 fija distancias mínimas a núcleos urbanos de solo 500-1.000 metros, y Castilla y León no ha añadido límites propios al tope estatal de 7.200 cerdos por módulo. Esto permite fragmentar proyectos para eludir evaluaciones ambientales más exigentes, con las plantas de biogás como pieza clave para facilitar licencias a nuevas macrogranjas.

No queremos ser territorio de sacrificio.
Fdo: Luis Angulo (Plataforma Lodos No)