El filandón, como es costumbre, lo hacen los asistentes con sus historias sobre ánimas, rememorando así la Noche de difuntos y el Día de todos los Santos, y por ello mismo recordando con anécdotas a muchos amigos vecinos o conocidos que ya no están. También habrá espacio para muchos recuerdos y tradiciones que marcaron la vida rural de estos y otros pueblos, sobre todo de cuando el frío acometía y se terminaban de recoger los frutos, se celebraba la matanza y las familias se reunían al calor del lar.
Por eso, estas fechas tan especiales, las acompañan en el Centro Cultural El Casino con un pequeño magosto y sus castañas asadas, con fervío para combatir el frío y unas sopinas de ajo para los asistentes a cambio de sus anécdotas. Un intercambio provechoso para mantener viva la historia de nuestros pueblos, cuales quieran que sean y, sobre todo, más que necesario para poner en valor el arraigo y la auténticas piedras en las que se sostiene la ruralidad.